LOS TRABAJOS DE IDÁRRAGA

De Francisco Galvis Ramos

En Twitter @franjagalvis

Por allá a mediados del siglo XX, Gregorio Escobar y José Antonio Uribe tuvieron a cargo los preparativos para la visita que haría a Naratupe una conocida activista social y, a efecto de asegurar el éxito del suceso, visitaron al alcalde José Antonio Idárraga para demandar el patrocinio oficial.

No contaron con suerte Escobar y Uribe porque el funcionario, con las posaderas bien puestas sobre un ejemplar de la Constitución, los despachó con las manos más que vacías, dirigiéndose entonces a la casa de Manuel Urrea en procura de la urgente ayuda. Urrea, tan marrullero como el alcalde, los envió con una nota de su puño y letra dirigida a Miguel Morales, dueño de una pesebrera en la que pagaba posada por un fino jamelgo de su propiedad, en la que le decía:

“Naratupe (Antioquia)

Señor Miguel Morales: está usted autorizado por mí, para que cuando llegue María Cano le ponga el burro catalán por mi cuenta, hasta que “quede”. Atentamente, Manuel Urrea.”

Lo referido consta en la novela de corte costumbrista “Los Trabajos de Idárraga” del autor y abogado Gilberto González, que llegó a mis manos gracias a los colegas Edgar Tobón Uribe y Francisco Alonso Garcés Correa. La obra gira alrededor de un alcalde, Idárraga, reputado por su ignorancia pero que en dos ocasiones supo llevar con acierto y tino los hilos de Ciudad Bolívar en época de bárbaras pasiones y he de decir que me la leí prácticamente “de una sentada”, rica como está en misterio, picardía, romances, intriga y variados actos cargados de humor, entre negro y blanco pero muy fino, que me hicieron reír a carcajadas, como este que sigue:

En la tienda de Manuel José Barreneche, Barreneche para los amigos y don Manuel para los demás, solían jugar dado corrido sin licencia de la autoridad. El asunto trascendió al punto que el párroco dedicó los sermones de todo un domingo a denunciar el hecho, asegurando que “A veinte metros de la casa cural están jugando dado.”

Y cómo no que pasó un parroquiano por el frente de la tienda y le preguntó a Barreneche si había oído al cura y aquel listo como fuera le contestó: “Eso no es aquí. Venga midamos y verá que los veinte metros dan en la peluquería de Conrado López.”

La historia termina con el destape de un conveniente triángulo amoroso protagonizado entre la costurera Gabriela Valdés y los “socios” Jorge Bolívar y Gregorio Escobar, el de María Cano, pero aún mejor el epílogo que será mejor que ustedes se deleiten leyéndolo con sus propios ojos.

La novela se consigue en la librería Señal Editora de Medellín situada en la calle Colombia, detrás de la clínica SOMA.

A los gobernantes de ahora mucho que les convendría leer “Los trabajos de Idárraga” para que sepan que no es de hoy que se gobierna literalmente sentados sobre la Constitución y las leyes.

Tiro al aire: “El odio hay que corresponderlo con amor, o te contagias.” Sansón Carrasco.

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