De Francisco Galvis: OUTSIDER

Contrapunto*

¡OUTSIDER!
Francisco Galvis Ramos

Con la expresión Outsider se designa en política a una persona situada por fuera de los aparatos partidistas en la lucha por el poder. Como tal, Trump se alzó con la candidatura republicana, así después se haya hecho a la presidencia adentro de un aparato partidista. Emmanuel Macron obtuvo la elección presidencial en Francia en condición de outsider.
En ciertos momentos históricos las sociedades, hastiadas hasta el mareo con los políticos profesionales y las maquinarias partidistas corruptas, recibe con alivio la aparición de personajes que, venidos de la nada, les puedan representar una esperanza y, si por fuera de los partidos, cuánto mejor.
Un outsider, para ganar, no requiere ofrecer un extenso vademécum de soluciones, dijéramos una amplia lista de mercado, para cautivar al electorado. Colombia, desde luego tiene muchas necesidades insatisfechas, pero la mayor urgencia que anida en el alma colectiva es, de lejos, encontrar a ese alguien que reconstruya la perdida unidad de la Nación, destruida, aherrojada a extremos extraordinarios por el presidente Juan Manuel Santos y el séquito de asaltantes que lo rodea: unos, que destruyen la poca Democracia que quedaba y otros, que en bandadas de asalto exprimen el erario.
Recordemos, además, que Colombia viene de un fuerte bipartidismo que, al hacer agua ante los ciudadanos, dio paso a una colcha de retazos de fracciones y facciones que, a su vez, se han agotado, tal vez con excepción del Centro Democrático que, por momentos desnuda también su condición inorgánica porque, como ya lo escribí en una red social, no basta con tener estatutos y personería jurídica para ser Partido, si este no se representa en una fuerza orgánica.
Con la excepción antes dicha, no se ve en Colombia un Partido que pueda sustentar una candidatura presidencial fuerte hacía el 2018, de donde toma fuerza la posibilidad para un outsider y este no podría ser otro que Luis Alfredo Ramos Botero, así en el camino se le sumen partidos y movimientos y políticos corruptos, pero de cuyas nefastas influencias habría que estar sobre alertas.
Yo, a la fecha de hoy, pertenezco al Centro Democrático, pero albergo dudas de que lo estemos haciendo todo lo bien que el honorable público merece y me comporto a su interior como un outsider -que no es igual a disidente, ni jauría-, demandando una purga muy necesaria de personajes dedicados a chuparle rueda al senador Uribe.
Por ningún motivo el Centro Democrático se puede convertir en el sumidero de la política nacional, menos cuando ese papel le está reservado con sobrados méritos al Partido de la U o a cualquiera de esas otras catervas que con el forman la mal llamada unidad nacional.
Tiro al aire: vean ustedes como estamos y los Pedros sigue cortando orejas.

Pueden seguirme en Twitter: @forotw
—-
*Esta columna se divulga a través de WordPress, Gmail.com, Tuiter.com y en diarios digitales y emisoras que gentilmente le dan albergue hospitalario y se puede reproducir libremente por cualquier medio.

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