Archivo mensual: julio 2016

El Himno Nacional es este y no otro

Himno Nacional de la República de Colombia

Letra: Rafael Núñez
Música: Oreste Sindici
Coro

¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
¡En surcos de dolores
El bien germina ya.
Primera estrofa

Cesó la horrible noche
La libertad sublime
Derrama las auroras
De su invencible luz.
La humanidad entera,
Que entre cadenas gime,
Comprende las palabras
Del que murió en la cruz
Segunda estrofa

“Independencia” grita
El mundo americano:
Se baña en sangre de héroes
La tierra de Colón.
Pero este gran principio: “el rey no es soberano”
Resuena, Y los que sufren
Bendicen su pasión.
Tercera estrofa

Del Orinoco el cauce
Se colma de despojos,
De sangre y llanto un río Se mira allí correr.
En Bárbula no saben
Las almas ni los ojos
Si admiración o espanto
Sentir o padecer.
Cuarta estrofa

A orillas del Caribe
Hambriento un pueblo lucha Horrores prefiriendo
A pérfida salud.
!Oh, sí¡ de Cartagena
La abnegación es mucha,
Y escombros de la muerte
desprecian su virtud.
Quinta estrofa

De Boyacá en los campos
El genio de la gloria
Con cada espiga un héroe
invicto coronó.
Soldados sin coraza
Ganaron la victoria;
Su varonil aliento
De escudo les sirvió.
Sexta estrofa

Bolívar cruza el Ande
Que riega dos océanos
Espadas cual centellas
Fulguran en Junín.
Centauros indomables
Descienden a los llanos
Y empieza a presentirse
De la epopeya el fin.
Séptima estrofa

La trompa victoriosa
Que en Ayacucho truena
En cada triunfo crece
Su formidable son.
En su expansivo empuje
La libertad se estrena,
Del cielo Americano
Formando un pabellón.
Octava estrofa

La Virgen sus cabellos
Arranca en agonía
Y de su amor viuda
Los cuelga del ciprés.
Lamenta su esperanza
Que cubre losa fría;
Pero glorioso orgullo
circunda su alba tez.
Novena estrofa

La Patria así se forma
Termópilas brotando;
Constelación de cíclopes Su noche iluminó;
La flor estremecida
Mortal el viento hallando
Debajo los laureles
Seguridad buscó
Décima estrofa

Mas no es completa gloria Vencer en la batalla,
Que al brazo que combate Lo anima la verdad.
La independencia sola
El gran clamor no acalla:
Si el sol alumbra a todos
Justicia es libertad.
Undécima estrofa

Del hombre los derechos
Nariño predicando,
El alma de la lucha
Profético enseñó.
Ricaurte en San Mateo
En átomos volando
” Deber antes que vida”,
Con llamas escribió

 

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De Francisco Galvis: Constitución a la carta

Contrapunto:
28.07.2016

Constitución a la carta
Por Francisco Galvis Ramos

Estoy seguro que entre los muchos doctores que habrá en el Congreso debe haber por ahí algunos abogados o, al menos, unas cuantas tarjetas profesionales con abogado.
La carencia de juristas, como los hubo antaño en los hemiciclos del Senado y la Cámara, viene siendo suplida por médicos y hasta por veterinarios, cantineros y vendedores de específicos, qué se sabrá que también de sabuesos del I Ching y vendedores de zapatos.
De la bien concebida Carta de 1886 pasamos a la lista de mercado de la Constitución de 1991 que, si no quedó del todo mal redactada, se debió al ingente esfuerzo contra el reloj del constituyente Hernando Yepes Arcila, quien se impuso la ímproba tarea de darle alguna presentación a los textos. Pero le faltó tiempo.
Y no es que no haya instituciones rescatables en la vigente. Las hay, como la Acción de Tutela que ha rescatado a tantísimas personas del borde del sepulcro amparándoles los derechos a la vida y la salud.
No sé cuántas reformas ha sufrido la del 91, de ellas pocas rescatables, como la que introdujo el Sistema Penal Oral Acusatorio que ha sido como un tábano para sacar del letargo a jueces y policías judiciales molondros. Aun así, las cárceles están repletas de ciudadanos sin oportunidad de pronta y cumplida justicia.
Lo delicado del asunto es que vienen fungiendo como constituyentes y adalides de las reformas congresistas sin ninguna competencia jurídica y, por lo mismo, carentes de juicio, de donde resulta que la Carta ha sufrido infames manoseos, como el de ahora relativo al famoso plebiscito. Y a ello no ha sido ajena la Corte Constitucional cada vez más precariamente provista.
La última reforma está enderezada a tener una Constitución a la carta según los intereses del gobierno, que echa al abismo la regla de oro de la Democracia –como es la mitad más uno- pretendiendo facilitar, de esa manera, el triunfo del sí para la obscena impunidad y la cuestionable elegibilidad exprés de los forajidos, con el fraudulento umbral del 13%.
Tiro al aire: una reforma a la Constitución liderada por el médico Roy Barreras tiene por qué ser un adefesio y no merece ningún respeto.

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De Francisco Galvis: Luto en las vías

Contrapunto:
24.07.2016

Luto en las vías
Por Francisco Galvis Ramos

En Medellín se acostumbró por un tiempo a señalizar los puntos donde perecían personas en accidentes de tránsito. Recordatorios para disuadir a conductores, ciclistas, motociclistas y peatones imprudentes.
Golpes secos a las conciencias. Alertas tempranas a transitar a la defensiva. Lo bueno, lo útil no dura señoras y señores. Aquella sana costumbre desapareció por arte de magia.
Hay que volver a vestir de luto las vías porque seguimos teniendo luto en las vías. ¿Algo inevitable? Se pensaría que sí, pero no puede ser que a los preocupantes niveles que registran las estadísticas. Lo pueden preguntar en las Secretarías de Tránsito, en Medicina legal, en la Fiscalía
La seguridad en las vías hace parte de la seguridad general de las comunidades, que compete promover a las autoridades.
No hay campañas de seguridad vial. El Estado central, los Departamentos y los Municipios recaudan enormes sumas de dinero por concepto de impuestos, tasas, sobretasas y comparendos asociados al parque automotor.
¿No sería posible que las autoridades le mordieran algo a la corrupción generalizada, para velar por la seguridad de peatones y conductores?
Recuerden las autoridades que es su deber constitucional el de concurrir eficazmente a la protección de las vidas de las personas, en todo caso, en todo tiempo y en todo lugar.
Tiro al aire: si no hay quien eduque para prevenir, es porque estamos todavía en la época de bárbaras naciones.

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De Francisco Galvis: ¿Quién el mentiroso?

Contrapunto:
22.07.2016

¿Quién el mentiroso?
Por Francisco Galvis Ramos

¿Tal vez recuerden ustedes cuándo en la pasada campaña presidencial el eslabón perdido -con voz trémula- vociferó: “Uribe mentiroso, Uribe mentiroso, Uribe mentiroso”?
Pues bien, a raíz del 20 de Julio el doctor Uribe Vélez invitó a que “Ojalá mañana hagamos un plantón con la bandera de Colombia enlutecida, con la cintica negra del luto”.
A esa invitación ripostó la viperina lengua del doctor César Gaviria -el eslabón perdido-: “Pedirles a los colombianos izar la bandera negra es de fascistas”, según lo recogió El Colombiano.
¿Quién entonces el mentiroso, si del mero cotejo de los textos rebota a la vista la verdad verdadera?
Qué buen oficio le encontraron al doctor Gaviria. Todo el que anda en problemas -presuntos o reales- lo contrata para “gaminear”, o también de espanta pájaros, algo indigno de un expresidente. Pero también es cierto que a él no se le conoce una tan sola idea fundamental que lo titule de estadista. Se ha ido por la vida de recocha e inútil resultaría pedirle peras al olmo.
El doctor Gaviria encabeza la modesta jauría de gozques desatada por el presidente Santos en contra del doctor Uribe, en momentos en que los amigos de la paz sin impunidad y sin curules estamos reunidos como en plaza fuerte inexpugnable para dar la batalla por Colombia.
Que -el eslabón perdido- no se las venga a dar otra vez de gracioso, porque la Nación no está para majaderías en el momento cenital que atraviesa. En la región paisa llamamos “chinche” a todo aquel que se comporta de la manera baja del doctor Gaviria.
Tiro al aire: dándole de su propio jarabe: ¡Gaviria Mentiroso, Gaviria mentiroso, Gaviria mentiroso!

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De Francisco Galvis: A los trancazos

Contrapunto:
19.07.2016

A los trancazos
Por Francisco Galvis Ramos

Les recuerdo que el Plebiscito de 1957 fue votado abrumadoramente sin necesidad de defraudar con las reglas del juego, queriendo decir sin umbral acomodadizo, sin mermelada, sin compra de votos.
Les repaso que aquel Plebiscito estuvo dirigido a lograr la concordia -es decir la paz- entre conservadores y liberales, trenzados en cruenta confrontación fratricida por cuenta de políticos y bandoleros sectarios que desolaban campos y asaltaban caminos.
Las disposiciones que así se incorporaron a la Carta de 1886 afianzaron el clima de armonía. Fueron 16 años de pedagogía y ejercicio prudents del poder por presidentes de los dos partidos históricos.
La cosa no fue de ábrete sésamo como lo pretenden ahora mentes febriles que venden la falsa ilusión de que el papel puede con todo. Los acuerdos como vienen concebidos no son la paz y si acaso un listado de equivocadas intenciones y de esa clase de propósitos está empedrado el camino a los infiernos, según se ha dicho siempre.
Discrepando de algunos, estimo que con el aval la Corte Constitucional, lejos de prestarle un flaco servicio al país, lo que hizo fue el gran favor de enredar al gobierno en sus propias corroídas espuelas.
Si hay abstención electoral, le quedará cuesta arriba al gobierno lograr el modesto umbral que mandó cortar a la medida de sus intereses, a no ser que orqueste un monstruoso fraude del tamaño del Monte Everest y para esto requerirá de echar mano de la corrupción al elector.
Ni crean el presidente y los áulicos que esto va a ser a los trancazos.
No preocupa que el doctor Santos haya desatado desde ya modesta jauría en contra de los opositores, integrada ella como mucha gracia por individuos que el país detesta, por decir Barreras, Benedetti, Cepeda, de la Calle, la loca Margarita, Pomponio, el Conde de Cuchicute y otros parecidos personajes que al igual pasean sus espectros por La Habana y el Capitolio.
Tiro al aire: el pueblo está firme del lado de Álvaro Uribe Vélez. Paz sí, pero sin trampas. Paz sí, pero sin impunidad. Paz sí, pero sin asesinos en el Congreso.

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De Francisco Galvis ¡Santa Bárbara bendita!

Contrapunto:
18.07.2016

¡Santa Bárbara bendita!
Por Francisco Galvis Ramos

Chucho Jaramillo refiere la súplica fervorosa de unas beaticas en el templo parroquial de Manzanares: “Santa Bárbara bendita, de las tempestades en alta mar líbranos señora”.
Aquellas damas no conocían el mar, sabían que el mar no pasa por Manzanares, quizás desconocían que Santa Bárbara no era santa, ni que por consiguiente estuviese impedida para terciar ante el Altísimo en contra de las tormentas.
De parecida manera el doctor Juan Manuel Santos mandó al doctor Álvaro Uribe Vélez una larga, larguísima carta que por lo extensa y farragosa parece concebida y redactada al peor estilo greco caldense por el doctor de la Calle -paisano de las beatas-, en demanda de respiración boca a boca para el engendro que pacta con el grupo narco terrorista de marras.
Doctor Uribe, sálvame del ciclón de la opinión adversa que se cierne sobre mí, pareciera decirle el doctor Santos.
Doctor Uribe, sálvame que sucumbo en el trajín turbulento de La Habana.
“Indio acatar tarde”, el doctor Santos tiró el aventón de asirse sin fortuna a la última rama firme que encontró a la vera del río embravecido para evitar el naufragio. Y Ahí sigue el náufrago río abajo sin doliente ni consuelo.
Se necesita ser muy caradura, como en efecto lo es el doctor Santos, para recabar ayuda de aquel que ha perseguido, maltratado sin tasa ni medida. Que beba y coma el señor presidente de su propio caldo de grilletes.
La larga, larguísima carta recibió por el mismo conducto de los medios de comunicación una corta, cortísima respuesta. El doctor Uribe le mató el pollo en la mano al doctor Santos y hasta ahí llegamos.
El doctor Uribe le niega el exequatur a los constituyentes de La Habana, de la misma manera que se lo negará el pueblo, ya no en las encuestas, sino que también en las urnas.
Tiro al aire: el doctor Santos avanza sin paracaídas en el gran salto despeñadero abajo.

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De Francisco Galvis ¡POBRE BANDERA!

Contrapunto
14.07.2016

¡POBRE BANDERA!
Francisco Galvis Ramos

Recuerdo ahora a mis maestros -esos si eran de verdad maestros- que con fervor nos infundieron respeto y amor por los símbolos patrios: la bandera, el escudo y el himno, en lecciones iluminadas de patriotismo. Del respeto y el amor por las insignias hemos menguado a extremos vergonzosos con el correr de los años.
Bajo la condescendencia del doctor Velasco, presidente del Senado, allí donde solo cabe estar el pabellón nacional, las FARC hicieron del desacreditado hemiciclo tablado propicio para enarbolar la bandera y sonar las notas del himno del grupo terrorista.
¿Eso es lo que espera a esta Colombia esclava de los entreguistas, cuando concluya la rendición del Estado a la voracidad de los malvados, que los símbolos patrios cedan los sitiales de honor a las insignias de los forajidos?
El civismo lejos de acrecer en el alma colectiva ha perdido valor como si se tratase de moneda de mala ley. De la bandera nacional solo van quedando jirones a la manera de violada túnica inconsútil.
Un segundo hecho corrió por cuenta del muy olímpico Comité Olímpico, presidido por el tantas veces galardonado -con diplomados laureados en asuntos deportivos- don Baltazar Medina, que dio en la vena de sacar a pública almoneda la bandera nacional, presuntamente a cambio de unos denarios porque eso gratis no debió ser.
La Nación bordea los cuarenta y cinco millones de habitantes y dicho Comité le concedió a CLARO la facultad de consagrar el abanderado a las justas de Río de Janeiro, con una desmirriada respuesta de ciento cinco mil abonados a la telefonía celular de esa empresa.
¿Qué son, damas y caballeros, ciento cinco mil usuarios de la privada CLARO frente al grueso de cuarenta y cinco millones de habitantes? Y lo peor, el presidente de la República convalidó la espúrea votación entregando la bandera en solemne acto en la Casa de Nariño, habiendo faltado únicamente entre los presentes el gran tiburón don Carlos Slim.
Tiro al aire: lo que natura no da Salamanca no lo presta y con un hombre de las calidades de Andrés Botero nos habríamos ahorrado la profanación de la bandera.

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