Archivo mensual: noviembre 2013

Discurso de GIANNINA SEGNINI

“Este es el mejor momento para ser periodista”
noviembre 21, 2013

Discurso de Giannina Segnini al recibir el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo.

Agradezco profundamente al Consejo Rector y a la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano este gran reconocimiento que, además de ser un gran honor, implica una tremenda responsabilidad que estoy complacida de asumir.

Deseo aprovechar estos minutos para ser portadora de buenas noticias.

Una sombra de confusión y de temor inyecta pronósticos pesimistas en la discusión sobre la sostenibilidad del periodismo; sin embargo, con total convicción, creo que este es el mejor momento para ser periodista.
Nunca antes tuvimos en frente tantas oportunidades para encontrar y contar historias relevantes, y para difundirlas en tan solo unos segundos por todo el planeta; y nunca antes vivimos mejor coyuntura para apropiarnos del futuro de nuestra profesión e irrumpir como protagonistas en la concepción, la experimentación y la consolidación de nuevos modelos para hacer periodismo.

Cuando empecé mi carrera hace más de 20 años, era imposible revisar cien expedientes impresos de contratos estatales, trabajo necesario para escribir un reportaje. En cambio, este lunes en la tarde, antes de venir a Colombia, mi equipo y yo entrevistamos millones de esos registros en tan solo minutos.

Tres décadas atrás, solo en un capítulo de la serie Star Trek se podía mapear en segundos las especies plantadas en una extensión de mil hectáreas de terreno.

Hoy, si quisiéramos verificar en el terreno la inversión de millonarios incentivos forestales, es cada vez más accesible enviar un dron teledirigido equipado con cámara y GPS, tomar imágenes multiespectrales y levantar una base de datos georreferenciada que revelaría en detalle la densidad y la composición del bosque y, en última instancia, si en verdad se plantaron o se mantuvieron las especies por las que se pagó.
Sin embargo, no nos confundamos; no son los drones, los datos en tiempo real ni las herramientas para procesarlos los que salvarán al periodismo, sino la combinación de esos recursos con las ideas para hacer periodismo de calidad y de impacto social; y la disposición para experimentar y descubrir -de la mano del poder de la tecnología- nuevos modelos que lo hagan sostenible.

La primera gran confusión que provoca miedo consiste en pensar que el periodismo es el que está en decadencia, o que lo está su impacto en la democracia; pero la única entidad agonizante hoy es la industria de los medios como la conocíamos, no el periodismo, que -en medio del ruido moderno- prevalece como una de las únicas disciplinas capaces de revelar verdades ocultas y decodificar fenómenos sociales.

Los periodistas estábamos muy cómodos, desplegando nuestro idealismo y buscando cómo alinearlo al de empresas de medios que se enriquecieron legítimamente durante décadas gracias a su posición hegemónica en el mercado.
Hoy, estos señores están en problemas porque el modelo económico tradicional que conocían se agotó. Muchos están abandonando el barco y buscan réditos en otras actividades lucrativas; otros continúan administrando su decadencia, enfermos de elefantiasis, con atrofiadas burocracias que no reaccionan a la velocidad que demandan los tiempos; y algunos pocos continúan luchando para sostener sus operaciones al tiempo que hacen lo que pueden para reinventarse.
Hace pocos meses, cuando solo faltaba tocar la Communio para culminar el Réquiem, a la industria cenicienta de los medios empezaron a aparecerle príncipes azules: los billonarios de Sillicon Valley, quienes prometen mantener y fortalecer los valores más sublimes del periodismo dinamizando su operación, dispuestos a perder unos cuantos millones en el proceso.
Mientras tanto, la mayoría de los periodistas esperamos como simples espectadores a que alguien más rescate el rancho y nos devuelva la tranquilidad de la quincenodependencia.

Continuamos tecleando las mismas historias y creyéndonos dueños exclusivos del puente que hay entre el conocimiento y “nuestras” audiencias, de “nuestras” fuentes, de “nuestras” interpretaciones y del mediocre lente con el que a veces ojeamos la realidad para contarla encapsulada en hemorrágicos tuits o notitas rápidas.
Este -no la transición de la industria- es el mayor de los problemas. Se nos olvidó quiénes somos y para qué existimos. Olvidamos que somos tercos y apasionados, perspicaces y humanistas; exploradores incansables, dotados de una capacidad particular para afrontar las situaciones más adversas con tal de defender aquello en lo que creemos. Se nos olvidó que somos amantes y guardianes de la verdad y que solo en ella encontramos la verdadera paz.

El miedo y la angustia nos impiden ver la esperanzadora realidad: que el periodismo de calidad nunca ha sido más relevante y necesario; que las democracias actuales lo piden a gritos; que tenemos mucho que aprender, pero también todos los recursos disponibles para hacerlo; que para crecer debemos dejar de divagar como lobos solitarios y trabajar en verdadero equipo entre nosotros y con otras disciplinas que nos tienden la mano, que existe un océano inexplorado de posibilidades para la experimentación de nuevos modelos, y que tenemos el temple y la capacidad para ser protagonistas, no espectadores.
Hoy, muchos de los mejores periodistas de todos los tiempos -acostumbrados a conducirse con sus libretas chorreadas de café en frecuentes citas incógnitas- están aterrorizados y enfurecidos al ver a los jovencitos de las nuevas redacciones hacerlo todo al mismo tiempo: editar videos, mapear, tuitear, storifiar, embeber aplicaciones y hasta programar.

Esos nuevos tecnoperiodistas -algunos sin el rigor, el conocimiento histórico ni la experiencia periodística suficientes- asumieron, sin dudarlo, el reto de generar contenidos multiplataforma. Su llegada intimida especialmente a sus editores, quienes rápidamente los convierten en editores o -como los llaman ahora- “community managers” y los exponen a tomar decisiones soberanas de la agenda noticiosa en línea y dispositivos móviles, como si las publicaciones digitales e impresas tuvieran dos estándares diferentes de credibilidad.

Con la creciente separación de estos dos mundos, las herramientas y los juegos pirotécnicos están prevaleciendo sobre las ideas y el interés social, y ello acrecienta aún más la brecha de desarrollo que siempre ha existido entre el periodismo y la ciencia.

Es que los periodistas solemos llegar 30 ó 40 años tarde a la adaptación de tecnología. Lo que los periodistas hoy llamamos “futuro” es un pasado ya superado para la comunidad científica.
El mejor ejemplo es lo que hoy denominamos “periodismo de datos” y al que calificamos de ser el futuro del periodismo; pero, desde hace más de 40 años, los científicos y las comunidades de inteligencia y de negocios procesan y analizan grandes volúmenes de datos para detectar patrones, tendencias y situaciones atípicas, o para explicar fenómenos y enfermedades, e incluso para anticipar comportamientos.

La buena noticia es que estamos a tiempo de revertir esa brecha si nos atrevemos a experimentar.
Como dice una canción del grupo irlandés U2: la melodía más dulce es la que aún no hemos escuchado. Perdamos el miedo y empecemos a tocar melodías diferentes. No hay nada tan complicado allá fuera que no podamos aprender si nos esforzamos, pedimos ayuda con humildad y empezamos a trabajar en equipo.

Para terminar quiero agradecer a mis padres Martica y Chepito por los valores que me inculcaron, a mis hermanos, a mis queridos primos, sobrinos y amigos, pero sobre todo a mis hijos Carolina, Fiorella y Santiago, por haberme acompañado y apoyado siempre en esta aventura.

También agradezco a los editores de quienes aprendí los valores del periodismo, en especial a Alejandro Urbina, Eduardo Ulibarri y Marcela Angulo; y al periódico La Nación por haberme dado la confianza y el espacio, durante los últimos 20 años, para hacer periodismo de investigación independiente.

A mis queridos compañeros de la Unidad de Investigación: Rigoberto, Ronny, Hassel, Matthew y Mariana, a los compañeros de diseño e infografía, de Sistemas de Información Geográfica y de Inteligencia de Mercados y a todos los que me han acompañado antes, muy en especial al maestro y amigo, Ernesto Rivera, les digo que este también es un reconocimiento para ustedes. Sin su pasión y entrega todos mis esfuerzos hubieran sido en vano.

Buenas noches a todos

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De Rodrigo Gallo Lemus: UNA NACIÓN CAFETERA

20 de noviembre de 2013 – la otra esquina

UNA NACIÓN CAFETERA

Reflexionemos; démosle todo el valor que tiene la frase “Colombia produce el café más suave del mundo”.

Pero, lamentablemente, esta organización se ha ido pervirtiendo con el paso del tiempo; ha dado un misterioso giro, mutando en un parasito que vive de los cafeteros.
Gracias al vertiginoso avance de las nuevas tecnologías, y soportada en ellas, la inmediatez de la información, la humanidad está haciendo un tránsito irreversible desde la aldea, hacia el orbe. Ahora mismo, para conocer de primera mano lo que sucede en el antípoda, solo necesitamos un pequeño artilugio electrónico y una conexión a internet. Así de sencillo. Y aun cuando este tránsito, contribuye de manera significativa a nuestra evolución como especie, genera en el ser humano, una comprensible necesidad de identificarse ante sus congéneres, y creo yo, que la más arraigada de las identidades, sin duda alguna, es la nacionalidad. Pero así como los seres humanos, como individuos, nos identificamos ante el mundo desde nuestro concepto de nacionalidad, la sociedad conglomerada en una nación, busca identificarse también ante el orbe. Y ahí estamos los colombianos, reconocidos ante el mundo entero como “los cafeteros”

Creo, a manera de ejemplo, que ninguno de los 22 integrantes de la selección colombiana de futbol, ha sembrado en su vida un cafeto, y sin embargo, escuchamos en los programas deportivos de las cadenas internacionales, que se refieren a la amarilla, como la selección cafetera. Lo anterior nos ilustra, que gracias al monumental y decidido esfuerzo de las 558.000 familias cafeteras y su ejemplar sistema de organización gremial, este hermoso país logró tan anhelada identidad. Y no estamos hablando de cualquier bagatela. Gracias a esos abnegados campesinos, yo, que soy un llanero que lo más cercano que conoce del café, es el par de cerreros que me tomo en la mañana, puedo decir cuando estoy en el extranjero, con el pecho henchido, que “nosotros” producimos el café más suave del mundo. Si, nosotros, yo me meto en esa colada, y usted también puede, porque gracias a esta noble bebida y a sus honorables cultivadores, tenemos esa identidad ante el mundo entero. De ese monumental tamaño es el logro.

Reflexionemos; démosle todo el valor que tiene la frase “Colombia produce el café más suave del mundo”. Creo, desde mi profunda ignorancia, que este reconocimiento, no solo se debe a las especiales prácticas culturales de sus productores, que le confieren fisiológicamente esta característica. En mi parecer, también es atribuible a la constante y denodada labor hecha desde una juiciosa organización gremial. Sin duda alguna, La Federación Nacional de Cafeteros es merecedora de sonoros aplausos.

Pero, lamentablemente, esta organización se ha ido pervirtiendo con el paso del tiempo; ha dado un misterioso giro, mutando en un parasito que vive de los cafeteros. Cultivadores humildes y minifundistas, como lo son en su mayoría, quienes deberían recibir todos los beneficios de un robusto gremio, resultaron manteniendo, a costa de su propio bienestar, a unos infames burócratas que se adueñan de los recursos, merced a inverosímiles salarios, y al disfrute de lujos y prebendas que ya quisieran gozar los ejecutivos de las más grandes multinacionales. Estos depredadores, tienen al sector cafetero, sumido en una profunda crisis. Hoy la Federación no tiene el musculo necesario para afrontarla, gracias a que estas amebas que se tomaron por asalto la entidad, la debilitaron de tal manera, que hoy día, peligra su supervivencia.

La comunidad cafetera está pidiendo a gritos su reestructuración, para retornarla a su lustroso pasado, de entidad al servicio del gremio. Y ahí es donde, coloquialmente, la marrana tuerce el rabo. Surgen en esta coyuntura, como en casi todos los recientes males de nuestra patria, las nefastas figuras de Juan Manuel Santos y su escudero Gabriel Silva Luján. A este par de señores – no sé si sean merecedores de tal termino -, se les atribuye el haber convertido la Federación, en un ineficiente fortín burocrático, al servicio de sus amigos de ocasión. Es tanta la podredumbre que los cafeteros vislumbran al interior de la misma, que difícilmente, estos dos nombres saldrían bien librados de una necesaria investigación, previa a un serio y juicioso proceso de depuración y reestructuración.

Ha empezado a correr entre el gremio, el fuerte rumor, quizá no muy lejano de la verdad, que el Presidente Juan Manuel Santos, en una demagógica maniobra, va a hacer todo lo posible por acabar con la Federación de Cafeteros de Colombia, malversando el deseo de esas 558.000 familias y aprovechando para sí, la oportunidad de acabar de un tajo, con toda evidencia en su contra. Desde esta humilde trinchera, desde la voz de este colombiano de a pie, me permito emitir una alerta. Hay que estar con los ojos muy bien puestos en las acciones del truhan, y en ningún caso permitirle, si la información es fehaciente, que acabe con la institucionalidad cafetera. Todos los ciudadanos tenemos la obligación moral, con el gremio que nos ha dado identidad mundial, de manifestarnos en procura del cuidado de sus intereses. No se le ocurra señor Presidente, pretender acabar con nuestra caficultura, porque va a encontrar en su camino, a toda una nación cafetera dispuesta a impedirlo.

Ad: Me es difícil encontrar, cual fue el daño que esta patria le hizo a Juan Manuel Santos, y que produce en él, tanta vehemencia en sus intentos por defenestrarla.

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De Maria Clara Gracia: ¡SOY SEÑORITA, Y DE LAS DE ANTES!

¡Soy señorita, y de las de antes!
Por: Maria Clara Gracia|noviembre 20, 2013

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las 2 orillas.

Más allá de la minifalda, objeto de las desafortunadas declaraciones de Andrés Jaramillo, está el comportamiento de las mujeres, a lo cual Andrés también hizo alusión. Cuando lo escuché pensé que él —como muchos de nosotros— creció rodeado de “señoritas de las de antes”. Ni crean que quiero justificarlo. Es que esa frase en lo particular me encanta porque encierra muuuchas cosas que se han ido perdiendo o ganando, según el ángulo desde el cual se le mire: Valores, principios, sociedad, Iglesia y pecado sexual, mojigatería, negación de la naturaleza humana, encanto en la dificultad para conquistar, represión, amargura, sometimiento al machismo, cultura conservadora, pudor, miedo, respeto, límites, normas por cumplir, dependencia, recato, lucha por mantener el hogar, discriminación, virginidad y hasta castración. Seguro que se me quedan muuuchos calificativos, pero esta situación me hizo acordar de un par de maestras que conocí entre mi infancia y mi adolescencia, y que decían con mucho orgullo y entonado acento que eran “señoritas, y de las de antes”; sí, así, fuerte y con la pausa en la coma; con sonsonete y todo; de ellas aprendí la frase. En ese entonces deduje que serlo no era otra cosa que no haberse casado pero ser vírgenes, el mayor honor (ahí si no sé); porque ellas eran solteronas. La señorita Herminia Serrano (q. e. p. d.), encumbrada dama de la sociedad santandereana, era la dueña del colegio del Divino Niño, donde estudié el final de la primaria cuando llegué a vivir a Bucaramanga. Era una educación ya mandada a recoger para la época. Los niños que no hacían caso, indisciplinados, que no cumplían normas y que perdían materias eran objeto de reglazos, pellizcos y mechoneadas. ¿Se imaginan a la señorita Herminia casada? Yo creo que por eso los señores de la época no se le apuntaron. Jamás me acuerdo de haberla visto reír. Era muy rigurosa, pero gracias a su disciplina nos formamos de pequeños mis hermanos y yo. Ya adolescente, siempre que mi abuela venía a Colombia nos llevaba a mi hermana y a mi a visitar a la señorita Rosalía Alba, una maestra boyacense, muy rigurosa y muy destacada quien en la visita siempre le decía a Juan (mi abuela) para que escuchara Pedro (mi hermana y yo): ¡Yo soy señorita, y de las de antes!, con aquella malicia que permitía inferir con facilidad de qué se trataba. Era tan reconocida en su vecindario, que los muchachos le botaban en el jardín revistas Play Boy. Cuando nos contaba, mi abuela decía: “Ave María Purísima”, y la señorita Rosalía respondía: “Sin pecado concebida”, ¿ah?

Les pregunté a mis amigos en Facebook qué pensaban de las señoritas de antes:

– Las de antes eran señoritas…hoy no existen las señoritas reprimidas, pudorosas, indecisas, sometidas y muertas de miedo.
– Se les llevaba serenata desde afuera, cogerles la mano y darles un beso, ni hablar; ¡de lo otro menos!
– No se igualaban con las de hoy, traguiadas, irrespetuosas, con un vocabulario que deja mucho que desear. Las de antes se hacían respetar; las de hoy….. muy poco.
– Recatadas y morrongas al tiempo. Algunas posiblemente vírgenes y amargadas.
– Dependientes, inseguras, sin sueñospropios, excluidas, objetos decorativos, manipuladoras, arregladas y pudorosas para los machos que las rondaban: El padre, el marido, los hermanos, los hijos… Con ganas de todo y con ganas de nada, como las recién casadas; ¡sometidas!
– De su casa.
– Eran muy recatadas y muy respetuosas, en especial las de los colegios femeninos. Había unas bellezas de mujeres que transpiraban todos sus encantos y los guardaban celosamente bajos sus uniformes. Tener una niña de estas como novia era una delicia. Hago memoria de los años 70 y 80.
– El pudor y encanto que las “señoritas de antes” le impregnaban a sus vidas, era misterioso y mucho le aportaban a la imaginación.
– Se respetaban a sí mismas, se daban su lugar y entendían que la vida social armónica requiere límites, responsabilidad y parámetros morales.
– Solapadas, uñiembolsadas e infelices
– Como las de ahora, hermosas y jodidas, pero con glamour y sin silicona.
– Rescato de las señoritas de antes su visión de familia, esa aspiración de construirla. No obstante rescato de hoy que son frescas y no dependen de que las saquen a bailar, o inviten a salir. La iniciativa es pareja. Pero sí tenían antes ese halo de prohibido, de difícil de alcanzar, de todo un reto.

Deduzco que todavía somos una sociedad que añora lo conservador, lo de antes. Creo que de esas señoritas ya no hay; bueno, y quién sabe si de verdad las hubo y vivían con el “pecado” oculto, porque en esos temas la naturaleza humana es una e inevitable. Como dicen en Cartagena de una estatua erigida en solitario y rodeada de mar frente a La Heroica: La única virgen de acá es esta, la de la bahía. Miren en las que nos puso Andrés. Y usted, ¿qué opina?

¡Feliz resto de semana!

Tomado de las2orillas.co

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De Francisco Galvis: ¡ARRIBA LA MINIFALDA!

Contrapunto
19.11.2013

¡Arriba la minifalda!
Francisco Galvis Ramos

Varias generaciones nos hemos deleitado con las minifaldas y en muchos casos con lo que dejan ver: muslos hermosos y no tan hermosos, piernas bellas y no tan bellas, grupas tensas y no tan tensas, pero quienes las portan al igual se sienten divinas y en ello también está la auto estima, pero muy poca gente sabe ya que la minifalda fue creación de la modista británica londinense Mary Quant por allá en 1960 a su edad de 26 años, una moda informal que se regó por el mundo como verdolaga en playa y, todo indica, que por los siglos de los siglos, a menos que los moros invadan la tierra entera y manden a las mujeres a cubrirse desde el nadir hasta el cenit, lo que por fortuna parece improbable de contar con el muro de contención de la lujuriosa civilización de occidente.

Cabe recordar que también regordetas y paticorticas suelen enfundarse la prenda para colmo del mal gusto, no logrando en todo caso desprestigiar el uso de la espectacular y económica pieza. Tal es su prestigio que ha sobrevivido a censuras y anatemas.

La minifalda ha vuelto a ser tema de moda en Colombia por cuenta del desafuero criminal sucedido en el parqueadero del señor Andrés Carne de Res, en predios campestres de la parroquia de Chía y a una declaración más desafortunada todavía de dicho propietario que, no obstante retractación y protestas de arrepentimiento, no logra borrar de la memoria colectiva. Por mucho que se diga que no, nuestro país, al menos el urbano, es feminista y no tolera que sobre la dignidad de las mujeres se arrojen oprobios y menos que las violen, pinchen o satiricen. Entre hombres nos entendemos, pero que no se metan con ellas.

Jamás fui a Andrés Carne de Res ni volveré, ni porque lo vuelvan a traer a Plaza Mayor. En Bogotá prefiero los asaderos de la Avenida Primero de Mayo y aquí donde vivo a Asados Familia García y una cadena novísima de parrillas de nombre El Llanerito que uno se topa en las vecindades de Medellín: al sur, al norte, al oriente, al occidente. Buenos precios, calidad insuperable. Se me vuelve agua la boca con solo pensar en aquellos cortes.

Maldita la hora que a la inmortal frase “donde hay hombres hay prostitución” de la canciller Holguín, filosofa sabanera, se una ahora la voz del poeta de tierra fría Andrés Carne de Res, para llevarse de calle la adorable minifalda degradándola en cuanto a los fines para los que creada, sindicándola de ser la fuente de desafueros contra las mujeres.

En nombre de todos los mortales les ruego, impreco, suplico y demando que ni por el mismísimo putas dejen de usar la minifalda, invento inmortal destinado a pervivir por sobre guerras, tifones y terremotos.

Tiro al aire: y las mujeres protestaron con el lema “Andrés carne res nuestros cuerpos no son carne de res”. ¡Plop!

https://contrapuntomedellin.wordpress.com
contrapunto.medellin@gmail.com
@franjagalvis

Este artículo se puede reproducir libremente por cualquier medio.

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De JP Plata: POEMA A ANDRÉS JARAMILLO, CARNE DE RES

Don Andrés Carne de Res
Por Jesús Alberto Plata Pinilla

Nadie aquí malinterpreta
la violencia que no ves
no la tapes con tus tretas.

Que si al aire van las tetas
o hay poca tela en la falda
cada mujer se respeta,
su dignidad se resguarda.

Ve a juzgar carnes y vinos
habla solo de las reses
mas del cuerpo femenino
no digas estupideces.

Ay Andrés Carne de Res
o al revés, Carne de Humano,
donde violar pasa a ser
un pasatiempo, algo vano.

Por allá no vuelvo a entrar,
señor Andrés Jaramillo,
no me gusta ese manjar
que le ofreciste a los pillos.

No me refiero al churrasco,
aunque fuera vaca loca;
es algo que causa asco:
lo que sale de tu boca.

Así has dejado servido
para cualquier ocasión
no culpar al pervertido,
“se buscó la violación”.

Y no vengas con disculpas
para no perder clientela:
Se ha visto tu carne pulpa,
nos has mostrado tu espuela.

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De María Clara Gracia: MAMÁ, ¿Y POR QUÉ ESAS SEÑORAS DESFILAN EN CUCOS?

Mamá, ¿y por qué esas señoras desfilan en cucos?
Por: Maria Clara Gracia|noviembre 13, 2013

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las 2 orillas.

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El reinado nacional de la belleza está ocupando hoy su justo lugar. Ya no es el acontecimiento nacional que con delirio seguíamos todos los colombianos. Se fue relegando solito porque ya se ve realmente como lo que es: un negocio para unos pocos, muy pocos. Y no es que esté mal; negocio es negocio. Además los señores lo pasan felices. Lo que sucedía era que nos mostraban el reinado con una trascendencia tal, que de verdad creíamos que más importante que ser Señorita Colombia solo lo era ser Presidente de la República; pero la realidad siempre fue la que vemos hoy: toda una industria que solo les interesa a anunciantes, diseñadores, peluqueros, cirujanos plásticos, candidatas, dueños de derechos de transmisión y los que tienen los derechos para ir a Miss Universo, que es de lo que quiero hablar, porque se están quedando cortos hace rato en lograr algo en el certamen de belleza más importante del planeta.

Este fin de semana hice lo que no hacía por años: vi Miss Universo, Miss Mundo y Miss Colombia; no crean que completos porque me resulta insoportable, pero sí lo suficiente como para deducir que en términos empresariales, de negocio, el reinado todavía no se ha globalizado en sus prácticas; sigue siendo ¡el mismooo de anteees! Lo digo porque cubrí unos cuantos años el Reinado Nacional de la Belleza y hasta viví los escándalos del narcotráfico que protagonizaron Justo Pastor Perafán por un lado, y la “Señora Amazonas” por el otro. Basta con escuchar en las transmisiones las mismas frases de siempre: Este es el jurado que tendrá esta noche la difícil tarea de elegir a la nueva soberana; sinceramente, cualquiera puede ganar; ella escogió este vestido porque quería verse como la más hermosa (¿y es que cuál quiere verse fea?); esta concursante tomó el riesgo de lucir un traje con manga larga (¡No, que riesgononón!); la suerte ya está echada; este sí es el año de Colombia (desde Luz Marina Zuluaga estamos en las mismas); Y aquí me quiero quedar para concentrarme en lo que dicen los expertos en optimización de prácticas empresariales, si es que queremos ganarnos Miss Universo. Aseguran que si las compañías quieren mejorar sus resultados, deben posicionar su marca y su producto (comunicación, reputación), pasando por la calidad, la innovación y el desarrollo del producto. Aquí la empresa se llama Concurso Nacional de la Belleza y el producto es la Señorita Colombia. Sus dueños se durmieron en los laureles de un negocio altamente lucrativo, pero no se han pellizcado para revisar en qué hay que innovar y cómo hay que desarrollar el producto; madurarlo. Algunos reconocidos preparadores de reinas aseguran que se siguen nombrando reinas lindas, como siempre, pero nada más. Ellos creen que nuestras beldades necesitan dejar de mostrarse como niñas consentidas, parroquianas, como de decoración y más bien proyectarse como mujeres de carácter, emprendedoras, arrolladoras, con una formación de mujeres a la conquista del mundo; ¡GLOBALES!. Venezuela es un ejemplo claro e integral. Llevan años ganándose el lugar que hoy ocupan en el negocio de las reinas de belleza. Las forman desde niñas, las foguean, les hacen cuanta cirugía necesiten y las mandan a ganar. Es decir, tienen posicionamiento de marca y de producto. Todo el mundo cuenta con que Venezuela siempre estará entre las finalistas en Miss Universo, así se vean “hechas” a punta de operaciones, como dicen que se ve personalmente la que ganó. Aquí sólo se concentran en destacar lo linda que es y lo aún más bella que está cuando termina su reinado; pare de contar. No han pensado que desde que Miss Universo es de Donald Trump, dejó en mucho su carácter de solo belleza con cierto matiz político y se convirtió en lo que su dueño representa: el poder del dinero y cómo multiplicarlo.

Que me preocupe que nos ganemos algún día el concurso de la más bella del universo, francamente no. Pero si sus dueños y organizadores quieren darles esa alegría a los cada vez menos colombianos que todavía lo esperan, péguense una pasadita por las oficinas de Donald Trump en Nueva York, en la dorada Trump Tower de Manhattan, y hagan lobby. Averigüen qué es lo que hoy se busca, qué quieren de las reinas los anunciantes del mundo… ¡Qué se yo!. Esa tarea de innovación se la dejo a mi muy apreciado Raimundo Angulo, anfitrión maravilloso y responsable de que algún día el negocio de las reinas dé frutos más allá de nuestras fronteras. Yo aseguro no dedicarle un segundo más de mi vida al tema, para seguir sumergida en la dicha de tener más opciones de entretenimiento: mi familia, lecturas variadas en mi mesa de noche, la diversidad de la televisión por cable y —eso sí— la compañía de un radio. Mejor dicho, de los reinados solo quiero escuchar las preguntas de mi hijo menor: Mamá, ¿y por qué esas señoras desfilan en cucos?

¡Feliz resto de semana!

las2orillas.co

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De Francisco Galvis: JUGANDO CON CANDELA

Contrapunto

Jugando con candela
Francisco Galvis Ramos

Razón de más para no creer en la voluntad de paz de las FARC la alerta del gobierno avisando de la empresa criminal que podrían estar urdiendo los facinerosos para asesinar a Álvaro Uribe Vélez. Es la segunda vez en los últimos meses que suena el río y cuando el río suena piedras lleva.

Si esa fuere la idea, mejor desentenderse de una vez de las rondas habaneras y prepararse para la guerra civil que desataría semejante despropósito monstruoso. Uribe no es un político a la usanza común o del montón, sino que se trata del jefe de las mayorías nacionales, jefatura ganada a través del continuo trasegar por auditorios, barrios y veredas en abierta comunión con el pueblo.

Desde Gaitán y Alzate Avendaño el país no contaba con un líder superior de las características de aquellos, como lo tiene al presente en la figura acerada y portentosa del doctor Uribe. La historia da cuenta del desastre que representó para la Nación el asesinato de Gaitán, cuyas consecuencias aún se viven: las guerrillas de ahora son en parte coletazos que dejó la muerte de Gaitán.

No se requiere de la imaginación de Julio Verne para prever en el horizonte el desastre colectivo al que conduciría el eventual magnicidio a cargo de la “Columna Teófilo Forero”, o de quien fuere. Para principiar, sería el quiebre del Estado de Derecho, la ruina de lo queda de institucionalidad, amén del empobrecimiento colectivo, porque solo la dictadura podría intentar contener el desorden generalizado, los torrentes de sangre que manarían, porque sangre y mucha sangre sería la que correría por doquier.

No se crea que la continuada animosidad que siembran el régimen, algunos congresistas y demás validos que, por zalamería interesada, le son más adictos, no hacen efecto perverso en la disposición siniestra de los patibularios. El gobierno juega con candela profundizando la división en que tiene sumida a la opinión pública que, en su inmensa mayoría, le es desafecta por razones potísimas que son por entero notorias. Dios no lo quiera que después pretendan la de Poncio Pilatos para lavarse las manos por los inocentes, si es que manos llegaren a quedar después de desatada la tormenta.

Está claro que el presidente Santos ha tenido y tiene por trompo puchador de sus propios fracasos y desastres a la figura señera del doctor Uribe y en ello estaría la responsabilidad adicional que sobre él recaería de acaecer aquel fatídico y mortal ataque.

Álvaro Uribe no es él, Álvaro Uribe somos las inmensas mayorías nacionales listas a responder al llamado a somatén, a la milicia, en abierta disposición de combatientes.

Así que es mejor, señores comunistas, que se olviden del atentado aleve, no sea que el efecto boomerang comience por ustedes mismos.

Tiro al aire: “Saber hablar con las personas, en la ocasión que sea y dónde sea, es otro de los secretos del éxito.” Sansón Carrasco

https://contrapuntomedellin.wordpress.com
contrapunto.medellin@gmail.com
@franjagalvis

Este artículo se puede reproducir por cualquier medio.

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